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La agricultura es uno de los sectores productivos más antiguos del mundo. Durante siglos, los seres humanos han cultivado la tierra usando poco menos que sus manos. Pero poco a poco se ha ido modernizando. Hoy en día el trabajo en el campo poco tiene que ver con el que experimentaron nuestros abuelos, por fortuna para todo el sector. Y es que, aunque algunas personas todavía tienen prejuicios sobre el uso de la tecnología en la agricultura, lo cierto es que gracias a su implantación la eficiencia de las tareas agrícolas ha aumentado enormemente.

El uso de los tensioactivos es cada vez más amplio en aplicaciones industriales. Sectores como el agrícola han entendido sus virtudes a la hora de mejorar el rendimiento de los fertilizantes y fitosanitarios aplicados en los cultivos. Todos conocemos una de las funciones más importantes de los tensioactivos en agricultura: reducir la tensión superficial para que el líquido pueda penetrar mejor en la superficie. Su inclusión en las formulaciones utilizadas en los cultivos mejora su eficacia, y consigue economizar el agua de riego al reducir la pérdida por escorrentía.