Usted está aquí

Cuenta la historia que, en 1618, un granjero de Epsom (Inglaterra) quería dar a sus vacas agua de un pozo cercano, pero que estas la rehusaban porque tenía un sabor amargo. Sin embargo, el agua parecía curar los rasguños y erupciones cutáneas de los animales. El granjero de Epsom acababa de descubrir el sulfato de magnesio. Pero no fue hasta 1775 que el magnesio (MG) fue reconocido como elemento químico y hasta 1808 cuando fue convertido en metal por primera vez.