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Este post en motivo del Año Internacional de la tabla periódica va dedicado a un viejo conocido por la humanidad, el azufre. Ya en la prehistoria, los primeros humanos utilizaban este elemento químico de símbolo S como pigmento para sus pinturas rupestres. Su presencia es una constante a lo largo de los años: Homero recoge el uso habitual de azufre para el control de pestes en un escrito de 2.800 años de antigüedad; en el siglo XII, los chinos lo emplearon para crear la pólvora; los alquimistas de la Edad Media conocían la posibilidad de combinarlo con el mercurio…

Desde hace cientos de años, la humanidad viene utilizando tensioactivos para multitud de procesos. Desde los primeros jabones, fabricados a partir de aceite de oliva y carbonatos presentes en cenizas por las antiguas civilizaciones, hasta los más novedosos bio-tensioactivos producidos mediante procesos de fermentación.

La sal, el cloruro sódico, ha sido un elemento preciado desde los inicios de la humanidad. Se cree que fueron los egipcios los primeros en utilizarlo como conservante alimentario, pero siempre ha sido un elemento transaccional utilizado como moneda en muchas épocas.

Hace cientos, miles de años, que las personas añadimos sustancias naturales a los alimentos (sal, azúcar, vinagre, etc.) para mejorar su conservación, alargando su vida útil. Hoy en día, los aditivos alimentarios no sólo se utilizan para la conservación de los alimentos, sino también para mantener su aspecto, sabor, textura, frescura, salubridad, e incluso su valor nutritivo. La demanda de la industria es creciente ya que cada vez hay más alimentos procesados en supermercados y tiendas de conveniencia.

Cuenta la historia que, en 1618, un granjero de Epsom (Inglaterra) quería dar a sus vacas agua de un pozo cercano, pero que estas la rehusaban porque tenía un sabor amargo. Sin embargo, el agua parecía curar los rasguños y erupciones cutáneas de los animales. El granjero de Epsom acababa de descubrir el sulfato de magnesio. Pero no fue hasta 1775 que el magnesio (MG) fue reconocido como elemento químico y hasta 1808 cuando fue convertido en metal por primera vez.

Brillo químico del Aluminio con BD Brial HD.

El aluminio es uno de los materiales más eficientes y sostenibles. Se puede utilizar prácticamente en cualquier condición climática, reúne las características requeridas para un buen aislamiento térmico y ahorrar energía además es ser completamente reciclable. Gracias a las innovaciones en los procesos de producción, a principios de los años 20 el precio del aluminio se redujo en un 80%, lo que resultó en su popularización para todo tipo de aplicaciones estructurales, mecánicas y decorativas: puertas, ventanas, correderas, techos, celosías, balaustradas, y un largo etcétera.

Por su mayor estabilidad térmica, mejor comportamiento en caso de incendio y su mayor resistencia mecánica, los paneles sándwich PIR (de poliisocianurato) se han convertido en la opción preferida para proyectistas, ingenieros o arquitectos frente a los paneles PUR (de poliuretano), que han sido los predominantes hasta la fecha. La principal diferencia entre ambos paneles es que los PIR contienen más isocianato y es precisamente esta diferencia en la composición la que ofrece al material final unas mejores propiedades.

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