Mito: Las abejas están desapareciendo por culpa de los productos químicos.

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El pasado 20 de mayo se conmemoró el Día Mundial de las Abejas.

Una efeméride que nos ha parecido especialmente propicia para derribar otro de esos mitos tan extendidos sobre la industria química. En este caso vamos a hablar sobre las abejas y su relación con nuestro sector. 

Seguro que el mito lo has escuchado en bastantes ocasiones: hay muchas personas que piensan que la desaparición masiva de abejas ha sido causada por culpa de los productos químicos que se utilizan hoy en día. 

Vas a ver en este artículo que se trata de una falsa creencia, ya que los productos químicos que, por ejemplo, se emplean en agricultura no tienen nada que ver con la “supuesta” extinción de las abejas.

La importancia de las abejas en la alimentación humana

No cabe duda de que las abejas tienen una importancia clave en el sistema de alimentación humana. 

Además de producir miel, las abejas tienen una misión todavía más vital: según la FAO, más del 75% de los cultivos del mundo dependen del proceso de polinización realizado por las abejas. De hecho, se piensa que la aportación de las abejas puede ser incluso más estimable que la de otros animales como los pájaros, los murciélagos y el resto de insectos polinizadores.

Sin embargo, algunos han querido exagerar este tema atribuyendo falsamente al físico Albert Einstein la siguiente frase apocalíptica: “si las abejas desapareciesen de la faz de la Tierra, a los humanos solo les quedarían 4 años de vida”.  

La frase ni fue dicha por Einstein ni es del todo precisa. Porque la desaparición total de las abejas sería un problema, pero no provocaría una hecatombe mundial. 

Es más: si las abejas y el resto de polinizadores se extinguiesen, todavía se podrían consumir otros vegetales que son polinizados por el aire (como el maíz o el trigo). Aunque es evidente que otros muchos frutos como las almendras, las manzanas o las cerezas dejarían de producirse, salvo que se encontrasen sistemas alternativos de polinización artificial. 

Las causas de la desaparición de las abejas

Llevamos años escuchando que cada vez hay menos abejas y que colonias enteras de estos insectos se han esfumado “misteriosamente”.

Colony Collapse Disorder (CCD)

El fenómeno se conoce como Colony Collapse Disorder (CCD), y fue muy frecuente sobre todo en la primera década del siglo XXI. No obstante, como veremos más adelante, la incidencia de este problema se está reduciendo en los últimos tiempos. 

El CCD comenzó a reportarse en el año 2006. Fue entonces cuando empezaron a producirse desapariciones abruptas de todas las abejas obreras en varias colonias situadas en distintos lugares del mundo, con el consiguiente colapso de esas colmenas. 

A pesar de que desde el siglo pasado se ha constatado que la población de abejas silvestres está disminuyendo, este fenómeno se intensificó entre los años 2006 y 2008 —con pérdidas que rondaban el 50% de las colonias—, para regresar a cifras más normales a partir de 2009. Unas cifras que se han estabilizado en mortalidades que oscilan entre el 28% y el 33% (aunque no todas las pérdidas son atribuibles al CCD). 

Esto ya nos da una muestra de la magnitud del mito, porque en los últimos años la desaparición de abejas no es tan elevada como algunas personas quieren hacer creer. 

Además, tampoco hay ninguna prueba de que los productos químicos se encuentren detrás de esta elevada mortalidad. 

Causas de la elevada mortalidad de las abejas

Como causas probables de la desaparición de muchas abejas, los expertos creen que pueden deberse a alguna de las siguientes: 

  • Elementos precursores: es habitual que antes de que una colmena colapse se den circunstancias como una baja densidad de abejas obreras —casi todas ellas jóvenes adultas—, cuyo escaso número las impide mantener a las crías. Además, los miembros de la colonia son reacios a consumir la comida provista (jarabe de azúcar y suplementos proteínicos). 
  • Pandemia de ácaros Varroa: que transmiten enfermedades mortales para las abejas como el virus de las alas deformes. 
  • Otras enfermedades propias de las abejas: como la Nosema apis, también conocida como virus de parálisis aguda de Israel. 
  • Estrés: los cambios bruscos en el entorno relacionados con la presencia humana pueden provocar colapsos en las colmenas. 
  • Desnutrición: las abejas no encuentran el suficiente alimento para sobrevivir y mueren. 
  • Trashumancia apícola: algunos apicultores mueven y cambian de sitio cada cierto tiempo sus colmenas, lo cual podría ser también la causa de algunos colapsos.

Mito derribado

Con esto se evidencia que el mito de que son los productos químicos usados en agricultura los causantes de la mortalidad de las abejas no tiene fundamento científico de ninguna clase. 

Probablemente se base en que algunos pesticidas prohibidos por la Unión Europea sí que pueden ser tóxicos para las abejas, pero esos productos ya no se comercializan en casi ningún país. 

Aprovechando la toxicidad de una sustancia concreta que ya no se utiliza, sería injusto acusar a todos los productos químicos —empleados en la fabricación de fitosanitarios y fertilizantes— de ser los causantes de la desaparición de las abejas. Sobre todo cuando ha quedado claro que este tipo de compuestos son inocuos para la salud, así como beneficiosos y necesarios para garantizar el abastecimiento de alimentos vegetales. 

Con este artículo queda aclarado el mito de que los productos químicos no tienen nada que ver con la “supuesta” desaparición de las abejas. 

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