La química y los efectos especiales en el cine

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Los efectos especiales han evolucionado mucho desde los comienzos del cine.

En la actualidad, los ordenadores pueden reproducir casi cualquier escena que se imagine el director.

Pero no todo lo que vemos son efectos digitales.

Tras muchos de ellos encontramos fenómenos químicos que se llevan usando durante décadas gracias a su realismo y bajo coste.

En este artículo te contamos algunas de estas lecciones de química que se esconden tras los efectos especiales más frecuentes de Hollywood.

¡Prepara las palomitas, que empezamos!

Efectos especiales basados en la química

Niebla

La niebla es un elemento muy útil para recrear paisajes fríos y húmedos. También para añadir misterio a las escenas.

Hay varios métodos para conseguir este efecto, pero estos son los más utilizados:

  • Con hielo seco (CO2): la técnica más tradicional consiste en añadir agua al CO2 comprimido (conocido como hielo seco), lo que hace que el aire de alrededor se enfríe y la humedad se condense muy rápidamente. Según la cantidad y la densidad de niebla que se necesite, la temperatura del agua puede estar más o menos caliente: mientras más caliente, más niebla producirá.
  • Con glicoles: estos compuestos químicos son líquidos incoloros y ligeramente densos, que a menudo se usan como anticongelantes. Tras mezclarlos con agua destilada y aceites minerales, se calientan y se someten a presión en máquinas de humo que expulsan la niebla al set de rodaje.

Maquillaje

La química también es una gran herramienta para transformar el aspecto físico de los actores.

Para ello, se sigue el siguiente proceso:

  1. Se toma una impresión de la cara u otra parte del cuerpo que se quiera modificar.
  2. Esta réplica se moldea para conseguir los rasgos deseados: una papada pronunciada, unas orejas puntiagudas, una cicatriz… O incluso la cabeza de una criatura totalmente fantástica.
  3. Por último, se fabrica una prótesis elaborada a base de látex o silicona en combinación con otros elementos que hacen de espumante.

Así es como se obtiene una mezcla que puede ser más o menos flexible, según el efecto que se quiera conseguir.

Los resultados son tan espectaculares como los que puedes ver en películas como El Señor de los Anillos o El Planeta de los Simios.

Sangre

¿Qué sería de las películas de terror sin la sangre falsa?

Posiblemente pienses que para reproducir de forma realista esta sustancia las productoras usan compuestos químicos muy complejos.

Pues nada más lejos de la realidad.

En la mayoría de las películas, incluso en las más actuales, se utilizan preparaciones comestibles que tú mismo podrías conseguir en casa.

Algunos de los ingredientes más comunes son:

  • Sirope de chocolate.
  • Maicena.
  • Colorante alimenticio.
  • Chocolate en polvo.
  • Ketchup.

Pero la cosa se complica un poco cuando se trata de recrear heridas instantáneas.

En este caso, se impregna la piel con tiocianato de potasio (KNSC) y el cuchillo (sin filo, por supuesto) con tricloruro de hierro (FeCl3).

Durante la acción de “cortar” la piel, las dos soluciones producen una reacción que da como resultado una sustancia del color de la sangre.

Llamas de colores

En las películas de fantasía o ciencia ficción es muy habitual ver llamaradas de distintos colores.

Aunque hoy en día el fuego puede colorearse fácilmente con efectos digitales, hay directores que prefieren el realismo de unas llamas teñidas con medios químicos durante el propio rodaje.

Existen diversas sales que se añaden al fuego con ese propósito, según el color que se quiera obtener.

Por ejemplo, con las sales de sulfato de cobre se consiguen llamas azules.

Otra técnica es provocar una reacción de óxido-reducción entre varios elementos, en la que los electrones pasan de uno a otro.

Durante esta transferencia varían los estados de oxidación de los químicos, lo que origina los llamativos colores que luego vemos en la pantalla.

Explosiones

Las explosiones son uno de los mayores retos para los técnicos de efectos especiales.

Además de ser realistas, las detonaciones tienen que ser seguras para los actores y todo el equipo técnico.

Por suerte, existen algunos recursos químicos para conseguir ambos requisitos.

Uno de ellos es el uso de materiales que, en lugar de explotar, se consumen por deflagración. Por ejemplo, la nitrocelulosa.

La diferencia entre los dos procesos está en la velocidad de la propagación. Una deflagración es más lenta que una explosión, lo que permite controlarla mejor.

Pero con un poco de postproducción, el resultado es prácticamente el mismo para los espectadores.

¿Hacia un cine sin química?

Como hemos visto en este artículo, las aplicaciones de la química en el mundo del cine son muy numerosas.

Sin embargo, las técnicas digitales están tomando cada vez más protagonismo en la industria, especialmente en las grandes superproducciones de Hollywood.

Pero ¿significa esto que las películas dejarán de necesitar a la química?

No parece que sea el caso, ya que muchos cineastas y espectadores siguen prefiriendo los efectos especiales clásicos, los que salen del laboratorio.

Un ejemplo más de que la química no solo es vital para el avance de la ciencia, sino que también tiene una contribución decisiva en aspectos más cotidianos como el entretenimiento.

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